LA VIEJA CHICA

Era un día sábado, a eso de las 23:00, y ya me encontraba entre mis acogedoras sabanas, cuando suena el indiscretito teléfono llamando a mi deber de cerrajero.

Muy preocupado y nervioso el caballero, ya que sus lindas llavecitas las había dejado muy bien guardadas al interior de su Ford Taurus, de esos que se suben solos los vidrios y bajan los seguros automáticamente.

Quince mil pesos era la tarifa el año 1998, y nadie me sacaba de ahí, ni menos si tenía que levantarme mas encima.

Conforme, le dije, en eso quedamos. Tenía todo el tiempo del mundo para llegar al lugar, ya que el señor iba a estar ocupadísimo hasta el otro día en sus menesteres.

El destino era el motel que se encuentra a una cuadra de la Alameda, en la calle Almirante Barroso, uno rojito de seis pisos, que tiene salida a Manuel Rodríguez; claro que por supuesto, ninguno de ustedes ha de conocer por dentro.

Como a la hora mas o menos llegué a cumplir mi trabajo; que derechamente era papita pa`loro; como dice el Pato Cornejo, ya que ese auto tiene por debajo de la manilla exterior, un hoyo tan grande, que casi cae un dedo, y es por ahí por donde es mas fácil abrirlo, así que sin mediar cinco segundos, las llaves deben estar en las manos de cualquier cerrajero experto, obviamente yo me demoré tres.

Fue a la hora del pago donde se me complicaron las cosas, ya que la encargada mandó con un mensajero ocho luquitas solamente, lo que sorprendía totalmente mis expectativas.

El guardia entonces, llamó para arriba por el citófono dando a entender mi parecer, lo que provocó que la encargada anunciara su presencia en un momento. Por supuesto que esperé.

Al rato apareció una vieja chica, rucia y "chocarrera", echándome inmediatamente al bolsillo (tuteandome).

Los que me conocen, saben que soy un caballero y mas aun si es con una dama, pero cuando me da el indio y se me sale el roto que llevo dentro, no hay dama ni nada; guardo mi diccionario y el manual de Carreño, y es que ya soy todo un animal.

Entonces dejé mi maletín en el suelo y de su interior extraje el martillo. Me acerqué a otro auto vecino, me acuerdo perfectamente que era un Honda Civic blanco y me puse dispuesto a darle con todo un martillazo al parabrisas delantero.

Tengo que haberme visto tan decidido, que los dos hombres que presenciaron lo ocurrido, ni siquiera se atrevieron a interceder en defensa de la vieja chica; parecían sendas patéticas estatuas de museo; entonces la "enana maldita" depuso inmediatamente su innecesaria, estúpida y torpe actitud. Me pagó entonces lo mío, guardé mi martillito y salí tranquilamente, con la cara de bestia con la que me había disfrazado, enfilado por la calle Manuel Rodríguez.

Llegando a la Alameda, caminé un tanto hacia Almirante Barroso y recién voltee por si me seguían. En eso salieron tres atolondrados matones en mi persecución, pero ya era tarde, cerré la puerta del colectivo Maipú Centro y los vengadores, creo que ni se dieron cuenta de donde estaba..

Al pasar estos años, el destino volvió a cruzar a la vieja chica en mi camino; actualmente construye nuevos hoteles a la vuelta de mi taller, en la calle Marín. Gracias a Dios ella olvidó el incidente, o a lo mejor se hace la loca no mas, ya que se ha convertido en una muy buena de mis clientas, "llorona" siempre, pero me ha dado sus buenos "drenarios". Sigue igual de chica, pero aun mas vieja y fea; pero ese insignificante "pedazo de adefesio", tiene mas plata de lo que ninguno de ustedes se pueda imaginar.

La pregunta que me hago al saber que es tan millonaria, ..........┐por qué existe gente que entre mas tiene, se vuelve tan avara y le toma tanto amor al dinero, que no dejan a los demás disfrutarlo con justicia, ni lo hacen ellos tampoco?.

 

FIN