LA SEÑORITA MARISOL

A la señorita Marisol la conocí el año 1983. Ella era recepcionista en ese entonces de una filial de la SONY; quienes se dedican al mantenimiento y reparación de los equipos profesionales de esta prestigiosa marca japonesa y que son usados en la televisión.Tenía al igual que yo 23 años, y era mejor que al atender se mantuviera sentadita no mas, ya que al ponerse de pié provocaba un revolucionario desorden hormonal de los varones presentes, mas la envidia lógica de sus compañeras de oficina. ¡Yo como es lógico no miraba, ya que soy casado!.

No pasó mucho tiempo para ello, ya que al año había demostrado su profesionalismo, contando con ese cargo y con todas las facultades que ello conlleva.

Por mi parte, a través de ella, seguía cosechando los dividendos de las visitas que hacía en reiteradas ocasiones, según fueran necesitando de mis servicios en dicha empresa. Además recomendado por la señorita Marisol, atendía también la casa de los jefes, de su madre y también los departamentos de sus hermanas y lógicamente del suyo.

Tengo que hacer notar que era muy preocupada de la atención a su señora madre; la señora Lucy, quien vivía sola.

A pesar que venía de una familia de clase media, tenia esos aires de grandeza al conversar; que como se los merecía, de todas maneras se los vamos a disculpar.

Jamás me cuestionó ningún peso, eso que tengo fama de bbc; bueno,bonito y "carero", pero ella sabía valorar un buen trabajo y sabía que tenía a su haber, una persona de entera confianza. (lo de bonito es un chiste,............risas).

Su detalle secreto lo supe un día que me pidió instalar una cerradura de seguridad en su closet. Como convenimos en hacerlo un día domingo, es que fui con mi hijo para que me acompañara y no jodiera en casa. Él es testigo que lo que viene no es mentira.

¡Pasaban facil los cien pares, y todos en sus respectivas cajitas blancas!.

Según los comentarios que en otra ocasión me hizo su empleada; comprar zapatos era para ella su secreta debilidad, quizás lo haría por hobby o por obsesión, pero los zapatos ahí estaban. Y no era mezquina para nada con ellos, ya que frecuentemente regalaba a la persona que le venía en ganas, los que iban pasando de moda o que por último, ya no gustaban, sin excluir para ello los zapatos nuevos y sin uso.

¿Y de marcas?, para que vayan calibrando su gusto y bolsillo, les diré que el zapatito mas "rasca" que lucía ese closet era de marca Gacel. Todos los otros eran importados y no pude retener en la memoria por tanto tiempo sus nombres.

Pero ahora viene la parte triste de esta historia. La parte que me conmueve, me entristece y me parte el alma.

En el mes de abril de este año, es que recibí un llamado suyo, extrañando de inmediato el largo tiempo transcurrido desde la última vez. Mas extrañado quedé, al pedirme de antemano que en esta ocasión fuera módico el cobro, ya que no estaban los tiempos para gastar mucho dinero.

Para mi, un cliente del nivel de la señorita Marisol es ya como un familiar o amigo, así que si se me antoja no le cobro nada.

Pero ella insistió en mi mesura en el costo, nada más.

Había que cambiar la combinación a las dos cerraduras de un departamento en Colón al llegar a Vespucio, en donde se iría a vivir junto a su madre. El departamento estaba aun desocupado y fijamos las 17 horas en juntarnos para el trabajo.

De lejos reconocí a su madre, quien se encontraba acompañada de una anciana de muy triste figura. Más al acercarme voy reconociendo poco a poco en esa figura, a mi recordada señorita Marisol.

¿Dónde estaba el garbo?, ¿Dónde estaba su talle de modelo?, ¿Dónde había quedado su arrebatadora prestancia y tersa lozanía?, pero si ni siquiera quedaba esa penetrante y segura mirada de seis meses atrás.

Luego del correspondiente saludo solicité las llaves y subimos lentamente al tercer piso del edificio por sus inevitables escalas.Lo mío era avocarme a las cerraduras nada más. La prudencia al dialogo era lo mas aconsejable en ese caso. Pero de reojo miraba a la señorita Marisol y no lo podía creer. Si parecía que le habían dejado caer veinte años encima o a lo mejor más. Si hasta su madre se veía más joven y vital que ella, y eso que la señora Lucy pasó hace rato los setenta.

Mientras trabajaba, "las veteranas" se entretenían tomando las medidas de un espejo para el baño y de unas cortinas de un dormitorio. Pero mi mente no podía dejar de recordar a la hermosa creatura que había conocido el año 83.

 

Ya terminando de dar los últimos toques y pruebas a las llaves, es que llega a mi lado la señorita Marisol y me pregunta:

Primera vez en veinte años que le escuchaba decir una palabra de bajo tono a la señorita Marisol.

Su madre que tomando unas últimas medidas, contesta afirmativamente y me mira cómplicemente a los ojos, dejando entrever su resignada tristeza.

- ¿Pero supongo señorita Marisol, que le pagaron todos los años trabajados. El mes por año y esas cosas?.

Después de haberle conocido todos los Honda Accor, que renovaba cada año, la señorita Marisol se había cambiado a un lujoso BMW, por supuesto que cero kilómetro, y les encargo "los palos"que pega Williamson Balfour por cada miradita que les da a esos autos solamente.

Ahí no se me ocurrió nada mas original que contarle de mi experiencia del incendio de mi casa el año 2000. ¡Casi la hago llorar!, es que no todas las personas ven las cosas con el prisma que se debe . Pero esa es otra historia y la voy a dejar para otro día. Lo que yo quería enseñarle a la señorita Marisol era que las cosas materiales, son eso solamente; "cosas materiales" y como vienen se van. Pero mejor no insistí mas en mi filosófica forma de ver las cosas. Porque parece que cada vez "metía más y más las patas",............ ¡como siempre!.

Como estaba ya cansada, es que se había sentado en el cubre piso, de donde al olvidarlo, me interrogó nuevamente por el precio, descubriendo entonces torpemente todo el contenido de su cartera al suelo. De ahí enteró mi dinero y luego me pidió que la ayudara a levantarse. Sus frías manos y liviano cuerpo no auguraban mucha vida, así que no he tenido desde entonces el valor de telefonear siquiera para saber sobre su salud..........¡Dios quiera que donde esté, mi señorita Marisol se encuentre bien!.

FIN