"EL SACACOSITAS"

 

Un día domingo cualquiera de 1991, a eso de las 21 horas:

Esa noche luego de revisar que mis "sacacositas" estuviesen en buenas condiciones, me dispuse ha dormir "apuradito" para estar en forma para la hora de levantarse, la cual fijé a las 5 de la madrugada.

Para alejarlos de la ignorancia les diré que el "sacacositas", es tan solo un alambre de acero recto de 0,8 mm de diámetro, con una terminación en la punta como de "crochet", con el cual se engancha el trozo de llave quebrada, o cualquier otra partícula extraña que haya al interior del cilindro de una cerradura.

En este caso serían "palillos de fósforo"; los que tendría que extraer, sumados por supuesto los miles de curiosos detractores, y lo que es peor.... ¡contra el tiempo!.

Por lo general este tipo de operación es rápida y efectiva, lo malo está cuando el "palillo de fósforo" se desmenuza y los pequeños restos siguen impidiendo el normal funcionamiento de los cilindros. Es ahí donde demoraría más de lo estimado.

Los "sacacositas" de fábrica, reciben diferentes nombres o números de ganzúa, pero yo al mío le llamo así, "sacacositas" así que es totalmente valido, si por ultimo yo soy el protagonista y autor del relato y hago lo que se me antoja con mi manual, .......¡normal libre albedrío!.

Bueno, para que sepan; esta es la más "floja" de las ganzúas, ya que tan solo trabaja muy de vez en cuando, así que esta vez tendría que romper todos los records mundiales de trabajo mi "perezosa herramienta",...¡y en el menor tiempo posible!, así que le pediríamos al dueño de casa; "San Ignacio" una ayudita en la inusual tarea empeñada".

El recepcionista tenía a las 6:15 de la mañana, dos auxiliares encargados a mi disposición, para asistirme y supervisar las respectivas llaves, una vez efectuada la extracción de los "palillos de fósforo", y posteriormente verificarían el buen funcionamiento de las mismas.

No tuve la oportunidad de preguntar a algunos alumnos que deambulaban ya, a eso de las siete de la mañana por los pasillos del colegio, me pareció curioso,...........¿qué extraño sacrificio?,.....¡que ansiedad por aprender!.......¡muy curioso!.

Como a los veinte minutos de trabajo, uno de los auxiliares se ofrece en ayudarme a sacar palillos, ya que según él, por lo que veía, era de lo más "papayita". Así que para que no me siguiera distrayendo con sus comentarios, le dispuse también un "sacacositas". ¡No pudo con ninguna cerradura!, pero me dejó de hinchar todo ese tiempo menos mal. El otro auxiliar si que se portó bien, ya que siempre mantuvo a distancia los "jóvenes ignacianos" y cual "atenta alcenalera" atendía entonces todos mis requerimientos.

A las 8:05 a.m. entraban a clases los alumnos de la última sala de clases habilitada, masticando entre dientes un amargo...... ¡maldito cerrajero y la tiiiiiiiiiiiiiit!. Pero para mis adentros dije, esbozando una satírica sonrisa burlona.... ¡no contaban con mi astucia!,... ¡ni con la del centro de padres tampoco!.

Dos maletines repletos de dinero lucían los organizadores del evento sobre uno de los escritorios de la oficina, de donde sacaron mis "humildes honorarios"; que muy felices y satisfechos cancelaron sin chistar.

Como era temprano en ese tiempo para abrir el taller, me fui a un par de cuadras del lugar y ordené un "Barros Luco" y un café chico, curiosamente acompañado por una cucharilla de "palito", quizás del mismo álamo con el que fueron hechos los "palillos de fósforo" del "San Ignacio",......... ¿curioso no?,...... muy curioso.

 

FIN