DON RAIMUNDO

Una primaveral mañana de octubre a eso de las diez,...... el teléfono:

¡Ni por donde había escuchado ese nombre pero se notaba que no estaba hablando con un "Larraín cualquiera", solo su tono de voz hacía imaginar a una persona de muy buena educación, con clase y distinción!.

Si algo he aprendido en esto, es que a este tipo de personas no es necesario darles el valor del servicio previamente. Así que me remití solo a esperar tranquilamente al mentado chofer.

Como a los veinte minutos ya sonaba la bocina de un espectacular "mercedes" último modelo para recogerme, y sin rumbo conocido aun.

La conversación del trayecto fue desde mi admiración por ese tipo de coches a una de mis aventurillas de cerrajero, mientras que la curiosidad del piloto era el equipamiento de mi maletín y sus sencillas herramientas.

Si mal no recuerdo, la casa se encontraba en la "Vía Escarlata", ya que el nombre de las calles en "Lo Curro" ,como sabrán varía en Vías de colores.

En la entrada del palacete había una gran cochera, varios autos y al parecer varios guardaespaldas, quienes lucían impecables vestimentas formales en clara e impaciente actitud de espera.

Se me indicó la puerta a abrir, la cual lucía una hermosa "cerradura tubular de cristal" marca Shlage, a la que por accidente le habían accionado el seguro interior. Abrí entonces mi maletín, hice mi trabajo y luego me sumé al grupo en espera, disfrutando así del cálido sol primaveral que se dejaba sentir esa mañana.

Como a los cinco minutos el chofer me busca nuevamente para que le acompañe al interior de la casa, en donde espera Don Raimundo supuestamente para cancelarme. Pero luego de saludarme muy cordialmente, me interroga de inmediato sobre la manera en que le abrí la puerta.

A todo curioso que me pregunta eso, le doy por el desvío y le respondo que con "unos alambritos", que tengo en mi maletín, para así no perder más tiempo. Pero en esta ocasión, el ambiente se prestaba como para cerrar nuevamente esa puerta con seguro y repetir la "hazaña" de mis nobles "alambritos" de acero.

Reloj en mano, don Raimundo contó los siete segundos que demoré en abrir nuevamente la puerta, y aunque muy sobrio, no dejó de alabar la pericia de mi accionar e interrogarme sobre la sencillez de mis "alambritos".

-Estos "alambres" señor, son hechos de resortes viejos, los cuales estiro y le doy la forma mas adecuada para introducirlos al cilindro de la cerradura para jugar luego con la combinación tratando de engancharla, junto con este otro "alambre", llamado "tensor", que es con el cual le doy la fuerza al sentido de giro.

- ¿Entonces a estos son los que les llaman "ganzúas"?.

- Correcto. Existen por supuesto unos de fabrica, americanos o italianos pero son muy caros y como uno trabaja bastante con ellos, se quiebran con frecuencia. Es por ello que los cerrajeros preferimos hacerlos a comprarlos, si por lo demás usted sabrá que "el maestro hace a la herramienta y no la herramienta al maestro".

- ¡Sabio hijo, muy sabio!.-.... ¡te felicito!......- ¡Dime cuanto te debo!.

- "$X" Don Raimundo.

Abrió entonces su billetera y extrajo de su interior varios billetes grandes. Para los ignorantes del álgebra, una pequeña lección. Ya que el servicio, la doble apertura y la corta charla de cerrajería, don Raimundo la avaluó en "10$X", los que ameritaron un apretón mas fuerte de manos y el "hasta luego" correspondiente. Aunque advertí al chofer que bastaba me dejase en la estación del metro "Escuela Militar", me hizo saber que su orden explicita era dejarme nuevamente en mi taller. Mi reloj marcaba para entonces minutos antes del medio día.

Con el tiempo llegué a saber que el tal Raimundo Larraín era un famoso coreógrafo y bailarín. Y que además de su solvente bienestar de cuna, había recibido una herencia de casi 80 millones de dólares por haber estado casado con una multimillonaria señora llamada; Margaret Strong Rockefeller, así que sus "9$X" de propina han de haber sido tan solo para él; "una gota de agua en la inmensidad del océano". Pero el asombro y la felicidad que causó en mí en esos momentos se traduciría en, recordarlo hasta ahora como " el cliente mas generoso que he atendido en toda mi vida". Acto que supongo consecuente con toda la plenitud de su vida, sirviéndole para "abonar positivo" al final en su cuenta con Dios. Así que para que se entere la historia; al viento he de gritar...¡Chitas que atento y generoso era don Raimundo Larraín;.todo un gentleman!.

FIN