"El Petizo"

Su excéntrica manera de vestir y la egocéntrica forma de ser llamaba la atención del pequeño empresario dueño de varios saunas distribuidos en Santiago Centro, entre los años 1985 al 1993 más o menos.

Conocí "al Petizo"porque uno de sus afamados negocios se encontraba en el pasaje que queda frente a mi taller. Siempre se le generaban problemas con las cerraduras de acceso de los mismos, debiendo cambiar las combinaciones de ellas, casi con la misma frecuencia que lo hacía con las atentas "azafatas masajistas" que daban fama a su negocio.

Lucía siempre pañuelo al cuello y "sombrero mafioso", el cual protegía su lustrosa testa, eternamente acompañado por un aromático habano de origen.

(o sea de la Habana, Cuba ¡chico!). Afanaba todos los santos días en su BMW convertible rojo, de "local" en "local", paseando o intercambiando a las "trabajadoras sociales" para alimentar aun más su ego y hacer su original publicidad por las callecitas del gran Santiago.

Le conocí dos locales más, uno en Curicó con San Camilo y el otro en Sara del Campo, cerca de la Unión Española. Ahí exactamente vi con mis propios ojitos la prueba de lo perverso de su negocio. La instalación de cámaras de CCTV tras los espejos espías de algunas habitaciones. Supongo entonces que su naturaleza tiene que haber sido, la venta de material pornográfico y los "eventuales chantajes" a los clientes más especiales.

Su esposa era la segunda de abordo y casi siempre "acabronaba" en donde él no se encontraba. Bastaría un bañito de cultura y esa hermosa creatura haría "babear" al más exigente de los caballeros de este país.

Cierto día esta belleza me contacta con inusual premura para que le abra y le haga llaves a la caja de fondos que tenía en su hogar. Advirtiéndome que a mi llegada, ella no se encontraría presente; pero que una de sus empleadas se encargaría de atenderme. Claro que por supuesto, era una veterana domestica la que administraba el normal funcionamiento del hogar, en donde se complementaba el resto de la familia.

Llamaba inmediatamente la atención un cuadro tamaño real al final de la escala, en el cual lucía "El Petizo" vestido formal, con gorro y bastón al brazo, con la mirada perdida en el cielo. Su mano derecha semiescondida en su pecho a lo "Napoleón" y con la otra sosteniendo el "puro revolucionario" de Fidel. La caja era una "Bash" y se encontraba dentro del closet del dormitorio principal. Ahí es donde me pongo a trabajar, sin dejar de comentar de las cuatro plazas que tenía la cama matrimonial.

  • ¡Oiga señora, ahí arriba es para ponerse a jugar al pillarse con lo grande de esa cama!.
  • Yo no sé porqué es tan grande. Toda la ropa de cama hay que mandarla a hacer especialmente y no le cuento lo que cuesta lavar y planchar.
  • ¡Si el caballero es harto chico, yo creo que demás cabe en una cuna!.
  • ¡Ni por broma le baya a decir algo así a don Marcial, mire que tiene una de complejos con lo de su porte; si por eso usa zapatos tan altos!.

Ya concentrado en la forma de abrir la cerradura de la caja de fondos, mi atención hacia los posteriores comentarios de la señora caería en saco roto. Recobrándola nuevamente solo como a los treinta minutos, una vez abierta esa puerta, momento en el cual cae al suelo desde el interior un "juguetito sexual" con largas cintas para su fijación a las caderas.

  • ¡Mire señora, esta cuestión!. O su patrón es "cachoparagua" o su esposa le ataca por la retaguardia.
  • ¡Oh caballero, deje eso ahí no más mire que lo que más dijo la señora que no le estuvieran intruseando nada!.
  • ¡Pero si no le he intruseado nada, esto cayó solo. Tómelo usted y lo guarda!.
  • ¡Oh!,.. es que me dan nervios, ¿lo podría hacer usted?.

El asunto era igual que un brazo de muñeca de goma, pero de "tierna forma instrumental" y en su base, un arnés pélvico con dos cintitas para el amarre, así que lo tomé escrupulosamente y lo puse nuevamente donde estaba, en la posición más adecuada para evitar una nueva caída.

Debía luego continuar con la cerradura interior que correspondía a un cajón, la cual no dio gran trabajo, pero al abrirlo quedaron expuestos varios "juguetitos". Así que para "copuchar" es que lo saqué y con torpeza simulada lo dejé caer al suelo, quedando por todos lados desparramado su contenido.

  • ¡Oh!,.....pero caballero, tenga mas cuidado con eso, mire que la señora se va a dar cuenta que las cosas no estaban como ella las dejó.
  • Eso no importa señora, si total igual había que sacar las cosas para retirar la cerradura.

Una vez vuelto del taller en la tarde, con las llaves nuevas y con el trabajo terminado; me dirigí a cobrar mis honorarios a su "oficina".

  • ¡Hola moreno, pasa!.
  • Busco a su jefa, dígale que soy el cerrajero.
  • ¡Oh, disculpe usted, la llamo de inmediato!.

Un respiro profundo para calmarme y el rezo....¡Soy de fierro, soy de fierro, soy de fierro, reprimidamente mudo y ciego más encima!......

La "oficina" era oficina de veras; con todo su correspondiente mobiliario y computador incluido, claro que las otras computadoras yacían computando a "todo cachete" en las piezas contiguas.

Con su nervioso proceder tras el escritorio, simulando llenar algunos papeles de importancia es que saca un cigarrillo de la cigarrera, entonces prestamente adelanto el "revolver encendedor", el cual acciono presentándoselo en su cara.

Era "marrullera" la dama, pero intuía que el saber de sus íntimos secretos la perturbaba notoriamente.

  • ¿Quedó todo bien en casa Enrique?.
  • ¡Por supuesto señora, aquí le traje las llaves!.
  • ¿O sea quedó todo bien cerrado?.
  • ¡Como usted instruyó señora!.
  • Noto en su mirada un sesgo de picardía controlada Enrique.
  • ¿Yo pícaro señora?......¡para nada!. ¿Porqué lo dice?.
  • Usted bien sabe a lo que me refiero.
  • Bueno, si quiere referirse a eso, podría decir entonces que la dueña de la picardía es usted...señora.

Aquí es donde se levanta de su asiento, dejando el cigarro en el cenicero y se aproxima sensualmente hacia mi sillón y procede a hacerme un "lulito" con su índice en la cresta de mi cabellera, deslizando luego suavemente su larga uña hacia mi orejita derecha.

Otro respiro profundo para calmarme y rezo....¡Soy de fierro, soy de fierro, soy de fierro!.

- ¡No me gusta esta situación señora, yo vengo a cobrarle y me voy!.

  • ¿Y cuanto vas a cobrarme?.
  • ¡Pero si ya habíamos acordado que eran noventa mil pesos!.
  • ¡Ah, de veras!.

Al fin caminó lenta y sensualmente hacia su sillón, pero al dar unos cuantos pasos giró violentamente, dejando expuestas de propio el par de tiernas "mamilas" ante mis ojotes.

Diez años antes hubiese saltado como resorte y me hubiese "prendido" cual "ternerito mamon" a mi delirio, pero cualquier acto parecido involucraría seguros descuentos que no estaba dispuesto a conceder. Además me provocaba repulsión el tipo de gente que era.

  • Muy lindas sus "niñitas" señora pero no gasto mi plata en algo que puedo tener gratis.
  • ¿Y quién te dice que te va a costar algún peso?.
  • ¡Me paga o le cobro a su esposo mañana!.
  • ¡Seguro que me tienes miedo!.
  • A nadie le temo ni menos a una mujer. Así que me paga no más y me voy.
  • ¡Mira "mariconcito", te vas a arrepentir de tu desprecio, anda y cóbrale a mi marido mañana como a las diez, a esa hora va a estar allá arriba!.

El portazo tras mis espaldas se escucharía en toda la cuadra, pero al fin me había escabullido de una de las situaciones mas angustiantes que me había tocado vivir hasta esa hora, "una propuesta indecente", fácil de rechazar para un caballero en particular, "difícil y raro" para un hombre en general.

Y al otro día a enfrentar al petiso.

Citófono:

  • ¡Buenos días!, ¿se encuentra don Marcial?.
  • ¿De parte de quién?.
  • Dígale que de parte del cerrajero.
  • Momentito señor.

Se hizo esperar el "Petizo", pero al fin me atendió en su "oficina". Ahí estaba, en su sillón, con los pies descalzos sobre el escritorio, enfrentándolos al ventilador y su inseparable habano al cenicero.

  • ¡Me dijo mi esposa que habían tenido un problema Enrique!.
  • Bueno, con respecto al trabajo ninguno, pero con respecto al pago claro que si.
  • Según lo que me dijeron es que hiciste comentarios un tanto pasados pa`la punta y por eso no te pagó.
  • ¡Falso!, usted me conoce de hace bastante tiempo y sabe que no soy una persona que haga comentarios estúpidos ni menos como dice usted; "pasados pa`la punta".
  • ¡Pero es que mi mujer dijo.....!
  • Mire amigo, corte el "gueveo" por favor. Tome esta tarjeta,..... ¡llamo o me paga!.

Al fuego con fuego y a un prepotente con segura prepotencia también.

  • ¡No, no, creo que no es para tanto la cuestión!, seguramente se trata de un mal entendido, ....¡tu sabes como son las mujeres, y la mía es un tanto histérica la verdad!, así que,....bueno...., ¿cuánto es que me dijiste que te debía?.
  • Noventa lucas don Marcial.
  • Eeesste......., ¿te puedo dar un billete de 100 dólares y el resto en pesos?, ¡es que tu sabes que aquí llega mucho turista!.
  • Está bien, si el billete es bueno, mire que a mi me lo cambia el amigo de la ferretería.
  • Si, por supuesto, de eso no te preocupes, anda toma, y espero que los dos quedemos como amigos.
  • Eso va a ser difícil pero ahí estoy para servirle.

La soberbia prestancia inicial del "Petizo" la había cambiado una tarjeta de un amigo de esa época, quien lucía un importante cargo policial entonces, y como eran derechamente combatidos todos los negocios de ese tipo por el alcalde, es que me pusieron del lado más confiable.

  • ¡Ah!, una ultima cosa don Marcial,......... dígale a su señora que también estoy para servirle,..........pero no para "servirla"....ella comprenderá,..

¡hasta luego don Marcial!.

  • ¡Hasta luego Enrique!,.........gracias.

 

FIN