"El Opel Capitán"

Por todas las calles del mundo deambulan seres extraños, perturbados, enfermos, olvidados, o que simplemente se niegan a participar del sistema social establecido.

No sé a cual de ellos pertenecerá el personaje de esta historia, pero como nunca supimos su nombre, en el taller lo identificábamos como el "Opel Capitán".

Siempre lo recuerdo con su abrigo oscuro, largo hasta el tobillo, y sucio como no hay otro. Bajo esa eterna prenda se ocultaba un enorme hombre, pero los años le habían doblegado su espalda. Tenía una muy singular forma de modular, como si le costase abrir su mandíbula; detalle que "por tino" nunca nos atrevimos a consultar.

El hombre era de "raza aria", pero si Hitler viviera, lo habría exterminado "ipso facto" de todas maneras, por último "por feo". Jamás le vi sonreír, ni siquiera cuando extendía su mano para pedir esa eterna moneda,... ¡ni por recibirla tampoco!, o sea que para eso mas encima era huraño, pero señero y considerado con algunos.

Casi todos los días pasaba por el taller y si lo veíamos venir a la distancia, procurábamos estar atareados para evitar entrar en dialogo con él, ya que su cuento era siempre el mismo, y por sobretodo había que proteger nuestras narices del desastre total.

Entonces se quedaba inmóvil en la vereda, apoyado de su fiel bastón, mirando alternadamente hacia adentro del taller, al mismo tiempo que trataba de interceptar algún "posible dadivoso", que le ofrendara su anhelada moneda. En tal estado se mantenía por largos minutos desplazando curiosamente su mandíbula a ambos lados en forma circular, seguramente como "transe impulsivo nervioso" o algo así, no sé.

Ese era la conversación que daba todo el tiempo el famoso "Opel Capitán", todo un "disco rayado" en el que las palabras: "chapas y cremalleras" eran nombradas "varias veces por minuto". Fueron por lo menos dos años en los que esporádicamente nos visitaba para hacérnoslo ver. Así que como era obvia esa ilusa obsesión suya, respetuosamente le tolerábamos, llevando a pronto termino dicha conversación, así que al fin se despedía, para luego perderse en la distancia apoyado siempre de su fiel bastón.

Pero un día por la mañana, nos llevaríamos la más divertida de las impresiones, al sentir sonar la bocina del "Opel Capitán", y como chofer ¿¡adivinen quien!?........¡exacto!, ni más ni menos que el propio "Opel Capitán"; firmemente sujeto al volante "al estilo cinco para la una", provisto a la vez de unos anteojos "poto de botella"con una de sus lentes quebrada, pero estratégicamente unido con "scotch", coronado a la vez con un sombrero tipo "espantapájaros", que la risa con mi hermano no pudimos aguantar; así que entramos al taller y le endosamos el cliente a mi padre, diciéndole con un sobrio y contenido.... - ¡"a usted lo buscan"!.

La cómica imagen quedaría gravada para siempre en nuestras mentes. Si "la cosa" que él decía era "un auto".... ¡no podría circular por ninguna callecita de este mundo!, pues ni siquiera tenía su patente al día, así que ni hablar del permiso de circulación; difícilmente conseguiría "permiso para existir"...... ¡¡si lo dieran!!.

Para ser mas grafico, yo diría que se asemejaba a una caricatura del año 40 pintada a tempera o anticorrosivo multicolor. Nula suspensión; o sea que su carrocería parecía tocar el suelo; pero de todas maneras logró subir la solera y quedar estacionado para su reparación. ¿Y el parabrisas?,......afortunadamente era de vidrio, el "único detallito" era que pertenecía a otro vehículo mas grande, así que estaba puesto a punta de amarras y cinta adhesiva "scotch".

-¡Casi pierdo mi desayuno por el lavamanos de la risa!,... mientras mi hermano tuvo que sentarse y apretarse el estomago "atormentado" por ese ataque incontenible que no nos quería abandonar.

Al único que no lo hacía reír ni "Chaplin" era a mi desconcertado padre; quien tenia que atender "seriamente" como corresponde a su "nuevo cliente".